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Los biocarburantes son los combustibles líquidos provenientes de diferentes transformaciones de la biomasa, que por sus características físico químicas pueden sustituir a los carburantes convencionales que tienen su origen en el petróleo, o bien utilizarse en forma de mezclas. Básicamente hablamos de biodiesel y de bioetanol, (sustitutivos respectivamente del gasoil y de la gasolina). |
Según la Directiva
Comunitaria sobre el desarrollo de biocarburantes
para el transporte, éstos deberían suponer
el 2% del consumo total de combustible para el transporte
en 2005 y el 5.75% en 2010. Sin embargo, el consumo
de biocarburantes supuso solamente el 1.4% del total
en 2005, con un serio incumplimiento por parte de todos
los países. En España su consumo fue inferior
al 1% del total de combustible consumido. De seguir
esta tendencia, apenas se superará el 1.7% del
consumo total en 2010.
Estos datos ponen de manifiesto que para
la consecución de los objetivos de consumo de
biocarburantes fijados para 2010, tan importante como
aumentar la producción propia, resultará
el dinamizar la demanda nacional.
El uso de este tipo de combustibles presenta
numerosos beneficios ambientales, ya que sustituyen
el consumo de productos petrolíferos. Además,
en la producción de biodiesel a partir de aceites
usados se aprovecha un residuo como recurso energético.
Por otra parte, el fomento del uso de
biocarburantes respetando al mismo tiempo las prácticas
sostenibles en la agricultura, podría crear nuevas
oportunidades de desarrollo rural sostenible y una agricultura
multifuncional, abriendo un nuevo mercado para productos
agrícolas innovadores.
La producción de biocarburantes
supone una alternativa al uso del suelo, evitando los
fenómenos de desertificación y erosión
a los que pueden quedar expuestas aquellas tierras agrícolas,
que por razones de mercado están siendo abandonadas
por los agricultores. Los cultivos energéticos
pueden ser una salida para mantener la actividad en
cientos de miles de hectáreas de la España
continental, que podrían quedar semiabandonadas
en el futuro por la bajada de los precios y la competencia
del exterior.
Pero debido a que es improbable que la
UE cubra todas sus necesidades mediante fuentes domésticas,
debemos prestar también atención a las
repercusiones globales que puede tener la explotación
de los biocarburantes.
En las zonas tropicales los cultivos energéticos
son considerados como una nueva oportunidad para el
desarrollo. No obstante la competencia entre los terrenos
destinados a cultivar alimentos y los dedicados a la
producción energética debería traducirse
en beneficios comunes concretos. Un riesgo es, por ejemplo,
que la promoción a gran escala de una bioenergía
que dependa de monocultivos comerciales intensivos perjudique
a los pequeños agricultores y a las poblaciones
locales. Para frenar esta amenaza la FAO
ha instituido una Plataforma Internacional de Bionergía
(IBEP), que se presentará oficialmente en las
Naciones Unidas en Nueva York el 9 de mayo. La IBEP
brindará su experiencia y su asesoramiento tanto
a los gobiernos como al sector privado, ayudándoles
a poner a punto los instrumentos para cuantificar los
recursos de la bioenergía y las implicaciones
de su empleo en el desarrollo sostenible, según
las características de cada país.
En el ámbito europeo, WWF/Adena
ha pedido a la UE que apruebe una certificación
ambiental obligatoria para todos aquellos biocarburantes
que se utilicen dentro de la Unión Europea. La
organización European
Environmental Bureau (EEB) también apoya
estas medidas.
Si somos capaces de asegurar las prácticas
sostenibles en los cultivos energéticos, el futuro
de los biocarburantes resulta esperanzador. La producción
de biocarburantes está abriendo las puertas a
un campo mucho más amplio que ya se está
llamando la bio-refinería, es decir, el desarrollo
de una química sustitutiva de la química
“convencional” aprovechando recursos renovables
y procesos poco contaminantes.