El Protocolo de Kioto, balance de un año
En el año 1997 se aprobó el Protocolo de Kioto del Convenio Marco sobre Cambio Climático de la ONU , el acuerdo internacional para afrontar el cambio climático que ha sido ratificado por 129 países que juntos suman el 61,6 % de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero.
Hace ahora un año, el 16 de febrero de 2005, el Protocolo entró por fin en vigor con la ratificación por parte de Rusia.
Los más de siete años que ha costado poner en marcha el Protocolo son mucho tiempo para lo que son tan sólo los primeros pasos necesarios para detener el cambio climático. Pero al menos el proceso nos ha enseñado algunas lecciones.
Primero, se trata de un problema de todos. Aunque el Protocolo nació como un compromiso de los estados firmantes, ya somos conscientes de que nos afecta a todos y en casi todas las facetas de nuestra vida diaria: el trabajo, la vivienda, nuestros desplazamientos, la energía que consumimos, los productos que compramos… Pero todos podemos actuar. Empresas, administraciones, entidades y personas, todos pueden hacerse neutros en carbono.
En segundo lugar, el cambio climático es un problema muy complejo, con una gran cantidad de variables cuya relación no se conoce completamente. Pero a pesar de las incertidumbres, lo que sí está claro es que para detener el cambio climático debemos reducir globalmente la concentración de gases de efecto invernadero. Para lograrlo debemos actuar ya, reduciendo nuestras emisiones y neutralizándolas a través de proyectos de desarrollo limpio. La reducción y fijación del carbono mediante proyectos de eficiencia energética y de conservación y restauración de bosques constituye además una oportunidad para contribuir a la mejora de las condiciones de vida de la población local en países en vías de desarrollo y para la conservación de la biodiversidad.