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Sábado 12 de Febrero de 2011

Por María José González Ordovás - Consejera de Ecodes. Profesora de la Universidad de Zaragoza.

Con las imágenes de los enfrentamientos de El Cairo aún en la retina, me vienen a la cabeza esas palabras de Nietzsche que dicen "es preferible morir a odiar y temer: es preferible morir dos veces a hacerse odiar y temer: ésta debería ser, algún día, la suprema máxima de toda sociedad organizada políticamente". No se me ocurre mejor alegato en defensa de la política que la un ateo tan cristiano.

Allá por 1950 en sus escritos políticos ya hablaba el gran Albert Camus de lo deprisa que iba todo y lo anacrónico del pensamiento político en un mundo sin islas ni fronteras. Vaya, se diría que no han pasado las hojas del calendario a juzgar por los acontecimientos. Lo que Camus no llegó a conocer es esta práctica nuestra de reducir una sociedad a un combinado de cifras y letras (E.P.A., P.I.B., I.P.C...) capaces de llevar al cielo o al infierno de la economía al país más pintado. Y no es que la transparencia no sea un valor en sí mismo, que lo es, es que tal vez no estaría de más que fuésemos conscientes de que, con ser importante, tal información simplifica nuestro autorretrato y casi lo caricaturiza. Y temo que si las decisiones políticas se adoptan basándose en la única consideración de esos datos no sean lo suficientemente inteligentes como necesitamos que sean.

No todo es cuantificable o al menos no así. ¿Cómo se cuantifica una sociedad decente? Sé que hay índices y parámetros de muy diverso tipo que ayudan a hacerse una idea del grado de garantía de los derechos en nuestras sociedades, pero también sé que los resultados son secundarios en relación a los otros.

Viendo a la gente golpearse en las calles de Egipto, desoladas ante el horizonte de un futuro tan imperfecto, con unas piedras que son lágrimas, no puedo menos que pensar, he aquí la puerta del infierno.

Ese lugar donde los derechos, que es tanto como decir las necesidades, importan menos que nada, ese lugar donde siempre es nunca: nunca libertad, nunca igualdad, nunca justicia... ese lugar a nuestros ojos tan subdesarrollado está haciendo un alarde de rebeldía ética. Sin embargo el peligro es claro, que la lógica homicida se instale cómodamente una vez más.

Según la conocida frase de Clausewitz la guerra, léase el enfrentamiento violento, es "la continuación de la política por otros medios", sin embargo y pese a que tal concepción ha llegado a usarse como intento de legitimación de esa forma de entender lo político es evidente que, por sí sola y por definición, la violencia descarta y elimina la acción cooperativa o lo que es igual lo que hace de la política una forma de entendimiento.

No sabemos dónde nos conducirá todo esto pero una vez más suenan a amarga verdad las palabras de Hannah Arendt "a quienes tienen el poder y sienten que se desliza de sus manos siempre les ha sido difícil resistir a la tentación de sustituirlo por violencia".

Publicado en El Periódico de Aragón

Es tiempo de actuar

Es el momento de dejar de pensar que puede hacer el planeta por ti y pensar qué puedes hacer tú por el planeta.

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