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Lunes 28 de Junio de 2004

La semana pasada, ONGs presentes en el grupo de trabajo de AENOR sobre responsabilidad social corporativa, hicieron pública en un encuentro con la prensa su posición respecto a los resultados de este grupo de trabajo, abogando por que éstos se resuelvan en una norma, y no en una guía, que es la postura de la CEOE al respecto.

El debate es un reflejo del que se mantiene a nivel internacional en el seno de la Organización Internacional de Estandarización (ISO). También la semana pasada, el 21 y 22 de junio, se ha celebrado en Estocolmo la conferencia internacional sobre responsabilidad social de ISO. En el último boletín Ecores de Fundación Ecología y Desarrollo ya se señalaban las recomendaciones del Grupo Consultivo sobre Responsabilidad Social en ISO. Este Grupo Consultivo recomendaba a ISO seguir trabajando en el ámbito de la RSC, si bien se inclinaba por la publicación de una guía de prácticas, antes que por la elaboración de una norma.

La decisión final de ISO se anunciará esta semana, tal y como se señala en la hasta el momento única nota de prensa oficial al respecto. Esta misma nota de prensa también resalta las declaraciones de Daniel Gagnier, presidente del Grupo Consultivo, posteriores a la conferencia: Gagnier se refirió principalmente a los puntos de consenso y al “alineamiento” entre sus recomendaciones y la posición general de los más de 300 stakeholders presentes en la conferencia.

Pero durante la conferencia, los representantes de países en vías de desarrollo se manifestaron claramente a favor de la elaboración de una norma. El motivo principal de esta posición es la visión que algunos empresarios y otras organizaciones en estos países mantienen acerca de la multiplicidad de recomendaciones, guías, certificaciones privadas y requerimientos variados de diferentes grandes empresas hacia sus proveedores en materia de RSC: que esta multiplicidad puede equivaler, más que a mejoras efectivas en la gestión, a barreras no arancelarias impuestas por los “países ricos. Existe un claro temor, entre organizaciones que abogan por la RSC en los países en desarrollo, de que este movimiento sea percibido como un instrumento de disuasión comercial.

Así, de acuerdo a los representantes de estos países, una norma homologada por ISO tendría varias ventajas: en primer lugar, el abaratamiento de costes, al no tener que enfrentarse a los numerosos y diversos requerimientos establecidos por grandes empresas a sus proveedores. También, la transparencia del proceso, puesto que el conjunto de los representantes de países en desarrollo acaparan aproximadamente el 75% de los votos en ISO. Adicionalmente, la elaboración de una norma supondría una clara “señal de mercado” por parte de ISO, rompiendo así las reticencias y el escepticismo de numerosas empresas. En resumen, los países en vías de desarrollo prefieren que los pasos hacia una homologación global de los aspectos básicos de la RSC estén marcados por ISO, y no sólo por las grandes empresas.

Sea cual sea la decisión que anuncie ISO esta semana, el proceso será largo. A día de hoy ya existe un considerable “expertise” en esta materia, pero no precisamente en manos de los normalizadores. Y si se continúa adelante, se deberán integrar en la norma las guías, recomendaciones y proyectos de estándar ya existentes, al menos los más exitosos. Los normalizadores no deberían “empezar de cero”.

Así, habrá que esperar la decisión final. Aún desconociendo el nivel de detalle a que llegará ISO, podemos intentar predecir los posibles resultados de las diferentes opciones abiertas:

  • Unas recomendaciones, aún resultando en principio la opción más sencilla, no satisfarían a numerosas ONGs ni, como se ha señalado antes, al grueso de los representantes de los países en vías de desarrollo.
  • Una certificación general y global parece tener más partidarios entre los asistentes a la conferencia. Su formulación y aplicación resulta en principio complicada, excepto si es muy “general y difuso”; en este caso no sería un instrumento especialmente valioso. Cabe esperar, por ejemplo, que una certificación con estas características no protege a las empresas de los consumidores activistas, ni les va a evitar tener que dar respuestas variadas a las diversas peticiones de información por parte de los inversores.
  • Las certificaciones sectoriales (FSC y similares) sí son más efectivas, desde el punto de vista de las empresas, para protegerse de los consumidores activistas, y para satisfacer las demandas de información por parte de inversores. Pero optar por certificaciones específicas y sectoriales parece, en principio, demasiado costoso para ISO.

Como nota optimista: sea cual sea la decisión final de ISO, el simple hecho de la celebración de esta conferencia no deja de ser un exponente más de la tendencia mundial a favor de la RSC.

Escrito por Jesús Llaría

Es tiempo de actuar

Es el momento de dejar de pensar que puede hacer el planeta por ti y pensar qué puedes hacer tú por el planeta.

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